Soy Alejandra

Soy Alejandra, vecina de esta comuna. Durante los próximos meses espero compartir con ustedes mis experiencias, reflexiones, y cuando no tenga mucha claridad respecto a un tema en particular, mis confusiones, aquí en «La Reina News» donde he sido invitada a escribir. Primero sí, quisiera que me conocieran un poco mejor… para interesarlos en mis palabras. No prometo panaceas, pero un buen intento vale por dos.

Muchos me ven como alguien diferente y especial, y supongo que es cierto, aunque sí fuera por mí renunciaría a ello sin pensarlo dos veces. Siempre es lo mismo, uno quiere cosas que no tiene y viceversa. Pasar inadvertida es una que tiene un costo que no puedo o más bien no quiero pagar. Tendría que estar encerrada como Rapunzel, ni tan joven ni glamorosa pero encerrada al fin. La mejor alternativa que veo para no vivir así de aislada, es asumir mi diferencia a regañadientes. Aceptar que soy una evidente persona discapacitada. Una mujer y artista visual que hace veintidós años sufrió un infarto cerebral severo, y que lo mucho que ha recuperado se le ha hecho insignificante con el tiempo. La silla de ruedas eléctrica que uso ha sido de gran ayuda, pero pesa más de lo que dice el manual, y aunque la discapacidad sea sólo una condición, es una que define casi todas las circunstancias en las que puedo existir. Por suerte, hay momentos que a pesar de estar condicionados por mi incesante invalidez, surgen como un respiro dentro de aquellas rutinas que me rodean, que a veces me son útiles y otras me abruman.  De algunos de esos momentos que son mis espacios de placer quiero hablar hoy. De mi trabajo. De mis refugios que quizás no ocupan más de un diez por ciento de mi vida, pero que son mi sueño y mi propósito.

Retomar lo que hacía antes de mi accidente era un imposible. No obstante, a veces las cosas cambian aunque sea por cansancio. Una vez leí por ahí un consejo que le dieron a una gran actriz, y  que sospecho, le sirve a cualquiera con ganas de aprender a vivir… toma tu desgracia y conviértela en Arte…  tal vez demasiado literalmente, eso es lo que intento. En la actualidad he vuelto a dibujar con bastante timidez. Mi vista y pulso ya no son lo que solían. A cambio, la paciencia se ha convertido en mi fuerte y a pesar de mis torpes y demorosas líneas hago pequeñas ilustraciones, pues el trabajo artístico que realizaba antes, requiere una fuerza física que ya no tengo. Al menos no por ahora. Pero hay más motivos. Este nuevo quehacer me ha conquistado por el desafío que implica. En estos tiempos difíciles en los que cuesta tanto animarse, es todo un reto darle a otro un instante de satisfacción, un caramelo para endulzar el día. Convertir recuerdos, paisajes o mascotas en un mejor momento, dando mi versión de historias que pertenecen a otro y que van más allá de mi pura expresión y creatividad, me satisface a mí también.

No se sí existe el destino, sí encontré mis otros espacios por casualidad o ellos me encontraron a mí.  Creo que en este caso da lo mismo el origen de estos encuentros fortuitos, porque llegaron para quedarse conmigo. Uno de ellos es la experiencia de andar a caballo. Si bien es cierto, en un principio sólo busqué la equino terapia esperando rehabilitar secuelas físicas que me dejó el infarto, con el tiempo me di cuenta que ya no se trataba sólo de una terapia para tonificar mi cuerpo o aumentar mi equilibrio. Creo que a paso lento, como los de mi caballo, fue ordenándome la vida. Si no tengo claridad y seguridad sobre el rumbo que quiero tomar, el caballo parece notarlo y por mucho que mueva las riendas y grite, este no avanza y se queda chantado ignorándome como si yo fuera una mosca sentada sobre su lomo.

Esa frase… llevar las riendas de tu vida… resulta certera después de todo. Más que una actividad, se ha transformado en una vía para recuperar cosas que creía había perdido o que quizás nunca tuve.

 Sobre el caballo, soy la guía. El jinete. No siempre logro la sintonía con él para que me preste sus piernas y se ponga a mi servicio. Llegar a hacerlo siempre que así lo decida es la recompensa que espero. Por ahora sigo tratando de hacerme escuchar… o tal vez, de escucharme a mí misma.

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